Nimes se entrega al embrujo de Morante
Todas las condiciones parecían conjugarse para deleitarnos una soberbia mañana de arte. Cielo despejado, ni una pisca de aire y dos toreros de los de duende. Pero el toro no apareció hasta el final del festejo. Un octavo ejemplar con virtudes incuestionables para un toro de lidia, justito de fuerzas pero que compensó su raza, y que salvó del naufragio la corrida. Y de qué manera
Los toros artistas de Juan Pedro han brindado una mañana plomiza con su flojedad de remos y a pesar de acudir a los cites con nobleza y bravura. Tomaron seis puyazos y ni uno más. (…)
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Nimes, 23 de mayo 2010 (mañana)









