Llegó a Cali el mejor torero del  mundo, Julián López “El Juli”, y en la plaza demostró porque fue el rotundo triunfador de la temporada española en 2010. Cortó tres orejas y dio una lección de tauromaquia pura.

 “El Juli” es un sinónimo de poder, sabiduría, cadencia, arte y perfección; confeccionó una primera faena a un ejemplar noble, con movilidad y calidad… pero definitivamente la mayoría del mérito se lo lleva el torero madrileño,  que conmocionó a Cali con su maestría, reflejada en la ligazón, temple y continuidad de las tandas ejecutadas con las dos manos. Cortó dos orejas.

Con su segundo ejemplar la faena fue más técnica que de lucimiento, era un astado con algunas dificultades para embestir y con poca clase; sin embargo el maestro español, logró que durante la lidia el ejemplar corrigiera algunos defectos al final de los pases. Corta una oreja.

El torero español, Cayetano Rivera Ordoñez, tuvo una tarde importante en Cañaveralejo. El gran avance que muestra Rivera se hace visible en la suavidad y aplomo de su toreo, hubo emoción y conexión con el público caleño que tras haber toreado el primero de su lote con un alto nivel de calidad, merecía una oreja que fue negada por el palco de usía a pesar de la fuerte petición. Ya en el  segundo de su lote no  tuvo la misma calidad y factura, en su toreo; la faena se tornó repetitiva y de simple compromiso.

Santiago Naranjo, quien es el nuevo matador de toros colombiano, tuvo la gran fortuna de contar con un gran padrino como lo es “El Juli” en su doctorado. Pero aunque tuvo empeño, se le vio sin madurez en el ruedo y detalles feos de tremendismo, que no lucen en un torero que ha tenido un recorrido tan amplio en ruedos de tanta categoría como el de Madrid. La afición disfrutó de algunos momentos de emoción propuestas por el manizaleño… aún le queda un camino muy largo.

La ganadería de Ernesto González presentó un encierro de muy buena presentación, excepto el lidiado en quinto lugar; y en conjunto fue un encierro de buen comportamiento, con nobleza y picante. Los toros fueron encastados y todos con genios interesantes, algunos con complicaciones que los matadores supieron manejar.

 

Desde Colombia, informa Carolina Baquero