Nace en Madrid en 1940. Nieto del matador de novillos toros León Bosqued Braojos (Leoncillo) e hijo de Alfredo Bosqued, pintor y catedrático de Bellas Artes, la tauromaquia y el arte le corrió por las venas desde pequeño.

 

Pero la posguerra y la responsabilidad de tener que sacar a su familia adelante le hacen entrar con 14 años como botones en la banca López Quesada, olvidando quizás sueños que no daban de comer.

 

Bosqued compagina su trabajo con su afición “arrimándose” en tentaderos y fiestas populares de los alrededores de Madrid, como San Sebastián de los Reyes, Leganés o Fuenlabrada hasta que un morlaco le manda, como se suele decir, al reloj de la plaza, el final, dos dedos machacados y dos puntazos en el trasero, hicieron que se volcara en su faceta de economista.

 

Atrás quedan correrías en plazas de tercera, atillos de jóvenes maletillas, puntazos de vaquillas resabiadas y toreo de salón en la Casa de Campo. “Teníamos 16 años y a pesar de las palizas que nos pegábamos nosotros cogiendo autobuses con carreteras llenas de baches para llegar a las capeas y las palizas que nos daban las vacas, nos convertían en verdaderos héroes y nos sentíamos unos tíos”, confesó Bosqued años después en un pequeño cuento titulado “La afición a los toros” publicada para contar y cantar su afición al arte de cúchares.

 

Profesor Mercantil, apoderado de la Bolsa de Comercio de Madrid, Diplomado en Técnicas Aduaneras y Miembro del Instituto de Analistas de Inversión.

 

Jaime ha mantenido su afición durante los más de 70 años que le coronan acudiendo cada año a su Feria de San Isidro, participando en tertulias taurinas, asistiendo desde hace años a las comidas – homenajes de la Escalera del Éxito y perteneciendo al jurado taurino del Club Financiero Génova.

 

Pero si por algo es merecedor este madrileño de pro de este galardón que hoy se entrega, es por haber transmitido a quien ha querido escucharle su amor al toro, al arte por el arte, a la valentía acompañada de inteligencia y haber traspasado “los trastos” a la siguiente generación dando permanencia a esa afición.

 

Acabo esta biografía con una frase de su cuento “La afición a los toros”:

“Sería bonito que los veteranos fuésemos capaces de inculcar a los jóvenes, no se si mi afición, pero si el interés por conocer esta fiesta y, sobre todo, a respetar al toro y a defender a este animal para evitar que acabe en el Zoológico”.

 

Recibe la Escalera del Éxito al Esfuerzo Humano número 203 de manos de su hijo Don Jaime Bosqued Martret acompañado por Don Salvador Sánchez – Marruedo.