El Teatro de la Zarzuela, su escenario en muchas ocasiones, inicia así su nueva temporada

Por Enrique Sancho

Veinte jóvenes (salvo un par de excepciones) cantantes líricos, lo mejor de la actual generación, han rendido homenaje a la que durante más de 50 años –junto a Plácido Domingo– ha sido la referencia mundial del género. Artistas de la talla de Ainhoa Arteta, Yolanda Auyanet, María Bayo, Carlos Chausson, Ismael Jordi y otros 15 cantantes más desglosaron piezas, no siempre muy conocidas, del repertorio zarzuelero, entre las que no faltaron ‘La tabernera del puerto’, ‘El barberillo de Lavapiés’, ‘La Gran Vía’, ‘Luisa Fernanda’, ‘Doña Francisquita’…

El Teatro de la Zarzuela da inicio así a su temporada 2019/20 en la que, una vez más, tendrá una intensa actividad con zarzuelas, conciertos, danza, conferencias, actividades didácticas, etc. En lírica, serán interpretadas zarzuelas como El caserío, Tres sombreros de copa, Mirentxu, Cecilia Valdés, Farinelli, Policías y ladrones, Luisa Fernanda y La tabernera del puerto.

Hace ahora casi un año, el 6 de octubre de 2018, el mundo de la cultura amanecía con la triste noticia del fallecimiento en Barcelona de Montserrat Caballé, sin lugar a dudas una de las grandes figuras de la lírica internacional de todos los tiempos. Dueña de una voz y una responsabilidad artística fuera de lo común, mujer humana y carismática, afable donde las haya y maestra e inspiración irremplazable para varias generaciones de extraordinarios cantantes, dejaba así un vacío imposible de salvar.

Los intérpretes, que participaron de forma desinteresada en el concierto, son algunas de las voces más destacadas de nuestra lírica y todos ellos, siguiendo los pasos de Caballé, embajadores de la música española en el mundo. Actuaron por orden de intervención: Marina Monzó, Gabriel Bermúdez, Airam Hernández, Virginia Tola, Mariola Cantarero, Andeka Gorrotxategi, María Bayo, Celso Albelo, Sabina Puértolas y Carlos Chausson, en la primera parte, y David Menéndez, Maite Beaumont, José Luis Sola, Pilar Jurado, José Bros, Nancy Fabiola Herrera, Rubén Amoretti, Yolanda Auyanet, Ismael Jordi y Ainhoa Arteta, en la segunda.

 Presidió el acto el ministro de Cultura y Deporte en funciones, José Girao, aunque muchos echaron en falta la presencia de los reyes o de la reina emérita Sofía, que no suele perderse estos actos, especialmente en un homenaje a una de las españolas más ilustres de los últimos tiempos. En todo caso, hubo representación de los colegas músicos de Montserrat, como Tomas Marco o Ruggero Raimondi o personalidades de la vida social, económica y cultural. También se sumaron al homenaje algunos de los directivos del Teatro Real.

En el escenario, junto a la orquesta un tanto apretada, una solitaria butaca blanca se fue llenando de rosas blancas que cada uno de los participantes fue depositando. Y entre el público, en un palco –vecino del dedicado a Teresa Berganza y frente al de Plácido Domingo– que a partir de ahora llevará el nombre de Montserrat Caballé, su emocionada familia, especialmente su hija Montserrat. El maestro Óliver Díaz dirigió la orquesta titular del coliseo de la plazuela de Jovellanos, la Orquesta de la Comunidad de Madrid.

Todos los intérpretes recibieron prolongadas ovaciones, pero tal vez la más sonada fue la de Ainhoa Arteta que cerró el repertorio musical. Todo un símbolo de lo que la música une: una genial artista vasca, vistiendo un espectacular traje andaluz rojo y un precioso mantón negro, rojo y amarillo, en un homenaje a la catalana más universal cantando “De España vengo…” de la zarzuela “El niño judío”. Estrofas como “De España vengo, soy española (…) Y mi cara serrana lo va diciendo. Yo he nacido en España por donde voy”. El público lo acogió aplaudiendo puesto en pie.

Un emocionado final, preludio de las palabras que Nuria Espert, gran amiga de Montserrat, le dedicó en la clausura. A sus 85 años, Nuria sigue con la voz firma, aunque emocionada y con gran memoria para glosar, sin mirar el guión, su relación con Montserrat y la amistad que creó y fomentó otro gran catalán, el amigo de ambas Terenci Moix. Destacó que “todos los adjetivos laudatorios han siso usados para hablar de Montserrat, su voz, su alma artística, su gusto, su entusiasmo interminable, su valor… La Caballé no fue una diva, sino una gran artista que sobrepasa las generaciones.” Añadió la Espert algo en lo que todos estaban de acuerdo: “Montserrat fue generosa, inteligente, muy espiritual, muy cariñosa, y muy sencilla, llevaba la corona de emperatriz de la lírica como si fuera una horquilla de su moño”.

Al borde de las lágrimas pero conservando la integridad, Nuria Espert leyó unas líneas que Terenci Moix dedicó a la soprano: “¿Es consciente Caballe de que ante largas tardes, su voz, el mas hermoso regalo de la naturaleza al arte, cuantas la tardes su voz ha mitigado nuestras soledades, sabe la ocasiones en que ha conseguido mitigar nuestras desesperaciones, arrancándonos de ellas por un instante, para elevarnos a esferas superiores, de la sensibilidad? ¿Es consciente Caballé?. Gracias Montserrat por tanta belleza.”