Decía Knut Hamsun (Noruega 1859-1952), que “el genio es un rayo cuyo trueno se prolonga durante siglos”. Pasados setenta años de la muerte, y cien del nacimiento de “Manolete”, se echó en cuenta que ya era hora de ponerse de acuerdo, pero los genios siempre han sido discutidos; “Manolete” no podía ser la excepción, en un mundo tan controvertido como el que vivimos. A los díscolos, a los que consideran sólo su propio criterio como lo políticamente correcto, no le importaron los más de cuatrocientos libros escritos sobre su vida, ni los más de mil ochocientos poemas dedicados a su figura, ni las películas basadas en su historia taurina y humana. Tampoco los miles de reconocidas opiniones de los que saben años luz más que ellos.

Ni las esculturas, ni las demás obras de arte que lo recuerdan por el mundo entero, fueron suficientes para ellos. Ellos se consideran la “Ex Cátedra” de la “nueva ola”, por eso lo de quitar y poner creen que es potestad suya, y no de la voz del pueblo. Aunque hacen el ridículo a diario, no se bajan del burro. Ellos que tanto hablan de la voz del pueblo, olvidan que los títulos, los monumentos, o el nombre de las calles y plazas, los debe erigir o grabar la voz del pueblo, así como sus tradiciones y costumbres, no se imponen por intereses partidistas de unos u otros.

Es el pueblo el que elige a sus héroes y a sus ídolos. Él crea sus mitos. Los mitos tampoco se imponen. “Manolete” es y será mito por consenso del pueblo, y el pueblo es sabio. Los políticos, en cuanto cogen el sillón se desmemorian; olvidan que están al servicio del pueblo.

Pero los genios renacen de sus propias cenizas, por mucho que se empeñen en relegarlos al olvido, y manchar su recuerdo con negras historias basadas en vendetas o testimonios sin fundamento veraz.

Pero “Manolete” nunca tuvo prisa; su paseíllo era pausado y solemne. Siempre esperó su turno tranquilo, porque cuando llegaba, era la hora de demostrar su grandeza. Ahora mucho menos: para él ya nunca es pronto ni tarde para nada; él ya descansa tranquilo, conocedor de que su obra es eterna, como el que sabe que las cosas caen por su propio peso, como la fruta madura. Y así ha sido: ganó la sensatez, y “Manolete”, ayer tarde, 14 de diciembre de 2017, como era justo, fue nombrado Hijo Predilecto de su tierra Córdoba, setenta años después de su muerte.

El acto tuvo lugar en el Palacio de Orive cordobés, escenario donde se han celebrado, durante este año 2017, varios de los más de 40 actos homenaje al genial torero, con motivo del Centenario de su Nacimiento (1947-2017)

Presidió la velada una mesa compuesta por David Luque Peso (Delegado de Recursos Humanos y Salud Laboral, Mercados, Cultura y Patrimonio Histórico –PSOE-) quien, tras las palabras de bienvenida, presentó a Fernando González Viñas (comisario de los actos dedicados al Centenario del nacimiento del “Monstruo”).

Viñas, a su vez, cedió la palabra al escritor Fernando Savater, quien glosó la figura del torero, destacando que la importancia de “Manolete” no sólo se limitó a su obra taurómaca, sino que su personalidad fue tan destacada que trascendió a los demás ámbitos sociales, haciéndose universal.

El Ayuntamiento cordobés le concedió el citado y merecido Galardón a “Título Póstumo”, en cumplimiento del acuerdo plenario del pasado 16 de noviembre. Una sesión que contó con los votos en contra de Izquierda Unida y Ganemos, que no asistieron al acto.

Fue la sobrina del torero, Pilar Soria Molina, la encargada de recibir dicho título, de manos de la alcaldesa, Isabel Ambrosio. -Su espíritu siempre ha estado conmigo y hoy más que nunca- dijo Pilar, reconociendo a su vez que tanto ella como toda su familia se sentía “muy orgullosa de que la ciudad lo haya elegido como Hijo Predilecto”.

En palabras de la alcaldesa, Isabel Ambrosio -la memoria de “Manolete”, no sólo sigue viva, sino que es fuente de inspiración”- Igualmente, Ambrosio, en su intervención, subrayó que dicha distinción ya estaba considerada “en el sentimiento de generaciones de cordobeses”, pero aun así “Córdoba rinde el más merecido de los homenajes a uno de sus ciudadanos universales”, cerrando así las actividades conmemorativas del centenario del nacimiento del torero.

Entre los asistentes se encontraban el V Califa del toreo, Manuel Benítez “El Cordobés”, junto a otros diestros cordobeses, entre ellos: José María Montilla, decano de los toreros cordobeses, Gabriel de la Haba “Zurito”, Fernando Sacromonte, José Luis Moreno y Rafael González “Chiquilín”, así como representantes de todos los estamentos sociales taurinos y no taurinos.

Domingo Echevarría

Fotos: Domingo Echevarría y Ladis