• El pitido, el reburdeo o el bramido son algunos de los sonidos que estremecen en la inmensidad de la dehesa

 

Fuente: Rosario Pérez. ABC. Deltoroalinfinito.com
Don Álvaro Domecq los definía a la perfección con su sabia, mágica y precisa palabra en «El toro bravo». Así hablaba de cada uno de esos sonidos, una amplia RAE del lenguaje bravo:
-Pitido: «Cuando los toros pitan, los demás animales acechan. Algo va a pasar. Un vaquero mío, viejo, que no quiere salir de la dehesa y conoce la primavera por el latir del cuco en los chaparros, cuenta a quien quiera oírselo que el día antes de nuestra guerra los toros pitaron».
-Reburdeo: «Es de noche y por la ventana abierta, en la cerca de los eucaliptus, oigo reburdear un macho. Dentro de un minuto reburdearán otros. ¿Qué les pasa? El reburdeo es un ronquido bajo y grave que presagia las ganas de lucha y sangre. El toro posee un olfato muy desarrollado y huele el acre de la sangre desde lejos… Al amanecer salgo con mis vaqueros. Hay un toro caído y la vacada entera le da vueltas, reburdeando. Han acudido hasta los bueyes al careo. El canto funeral en la mañana fría, helada, sobrecoge y mis vaqueros se han vuelto, repentinamente, serios. Pienso en Villalón. Un poeta bastante loco de Morón me contó, por lo bajo, que sus toros -los que ya no eran suyos- reburdearon la noche en que él se fue para siempre».
-Berreo: «Puede ser de miedo, de queja o de nostalgia, de melancolía, y perdonadme esta inevitable utilización de términos humanos que tampoco sirven. En las tientas, los ganaderos apuntamos si el becerro hizo berreo y si éste era del bueno o del malo. Berreo del bueno será cuando un becerro se queje con la boca cerrada; de berrear con la boca abierta, del malo. Es más, los conocedores saben su nota por las tonalidades del berreo de los becerros. Así, berreo de rabia, contenido, hondo: casta, bravura. Berreo de miedo: tarde o temprano cantará la gallina y huirá. No falla». Aclaraba don Álvaro que ese berreo malo con la boca abierta es un detalle de «mala educación», pero que existe a veces en vacas y toros excepcionales. «Sólo es malo cuando lo acompaña la duda en la embestida, la cobardía, el escarbe y la mansedumbre».
El bramido
En «El arte de ver toros», Santi Ortiz describe así la voz y el lenguaje del bravo: «A la del macho llámasele bramido, mientras que mugido empléase para el común al toro y a la vaca. Animal parco en voces, su potente bramido de guerra, de amor, de alerta o desafío impone autoritario silencio a la dehesa; por algo será que cuando el mar encabrita sus aguas o el viento huracaniza su potencia dícese en metafórica expresión que «braman»». Y, en su didáctica obra, hace estas distinciones en el lenguaje bovino: bramido (reclamo amoroso de la vaca al macho), piteo (ante un presentimiento), rebufe («resoplido toruno que onomatopeyiza iracundo genio»), reburdeo (bramido más grave y dramático), berreo (como queja o lamento)…
Por su parte, don Álvaro se preguntaba por el bramido, delatador del celo, y hacía alusión a un texto de Díaz Cañabate: «¿Es el bramido el lenguaje de los toros? Pues entonces son poco habladores, porque muy especialmente se les oye. Que el bramido obedece a una causa es más que probable. En opinión del mayoral de aquella ganadería, el bramido es una llamada de amor, es un venteo de la hembra, tan próxima y tan lejana».