De purísima y oro: Ese juego inapelable

No sé qué decirte. Claro, el asunto no se entiende a las primeras de cambio; es absurdo, ocioso y excesivo. Mira que arriesgar la vida sin una razón, parecería lo más tonto del mundo. Aparenta necedad, sucumbir a los veintisiete años ahogado en la propia sangre, agonizando en el suelo de espaldas sobre el adoquín, y sin comprender del todo lo que acaba de pasar hace apenas un instante. (Crónica de José Antonio Luna)